Hablemos de Sexualidad
En esta ocasión quiero dedicar un artículo a la sexualidad humana. Seguramente te preguntarás, ¿qué tiene que ver la sexualidad con espiritualidad? Y la respuesta es simple: ¡todo! Ya que no es posible para un ser humano disociar sexualidad de espiritualidad; aquellos que viven abandonados por completo a la lujuria, el daño que se provocan en lo íntimo de su ser se refleja en su espiritualidad, impidiendo elevarse, ya que no es posible un crecimiento espiritual con una sexualidad corrompida.
Los órganos sexuales y la unión íntima entre los esposos son dones de Dios destinados a ser entregados desinteresadamente por amor, en comunión esponsal. La clave está en no usar egoístamente estos dones para satisfacción personal, ya que la finalidad de los mismos es darlos por amor, pues el cuerpo humano fue diseñado por Dios para expresar la vocación de la persona a la comunión y a la entrega de sí. Luego dejan de ser tus órganos sexuales para pasar a pertenecerles a quien hayas entregado tu corazón; y al entregarnos por completo al otro, se trasciende el mero acto físico.
“El cuerpo, de hecho, y solo él, es capaz de hacer visible lo que es invisible: lo espiritual y lo divino. Ha sido creado para transferir al plano visible del mundo la misteriosa realidad escondida desde la eternidad en Dios, y ser, por tanto, signo de la Alianza.”
Es esencial comprender que la sexualidad abarca todo el ser humano, la diferenciación entre hombre y mujer no esta limitada solamente a lo genital: el uso del lenguaje es distinto, el pensamiento y el funcionamiento de la mente son distintos, y hasta en el fuero interno de la persona hay diferencias muy notables. Somos complementarios en nuestras diferencias, pero hay diferencias en todos los estratos del ser. Quien haya estudiado un poco sobre psicología esto lo tendrá más que claro; por tanto, la persona es una unidad integral de cuerpo y espíritu, y el cuerpo es la expresión de la persona.
“El ser humano es persona en la unidad de cuerpo y espíritu. El cuerpo no se puede entender como mero ‘organismo’ o ‘naturaleza’, sino que, a través de él, se expresa el ‘yo’ personal. La persona, con su invisible e inseparable ‘alma’, se hace perceptible a través de su cuerpo.”
El entendimiento del ejercicio de la castidad como una suerte de privación de la propia sexualidad es un gran error. La castidad consiste en el pleno control e integración de los distintos elementos de nuestro ser y en ser nosotros quienes dominemos nuestra naturaleza íntima y no a la inversa. No es una privación de la misma; simplemente la Iglesia enseña que no hay que ser esclavo de nuestros propios impulsos y a ser verdaderamente libres en nuestras elecciones, incluso en lo íntimo de nuestras vidas.
“La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cf Si 1, 22). «La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados» (GS 17).”
Como ya he expuesto con anterioridad, la sexualidad es un don divino destinado al amor, la comunión esponsal y a la entrega completa de uno mismo. Reservarla para ese amor especial en el matrimonio es un valor romántico que casi ha desaparecido en la actualidad. Cuando la virginidad se pierde, el echo vivido y experimentado ya no puede borrarse o deshacerse. Por tanto, el pecado sexual puede ser perdonado y el alma plenamente purificada; pero la virginidad, una vez perdida, no se recupera como estado real. Precisamente por eso tiene mérito conservarla.
Hay varias razones que pueden causar que una relación fracase. Una se debe a que la relación intima se estableció demasiado rápido; para que una relación pueda ser estable, debes conocer a la persona con la que te quieras enlazar, e intimando con esta no la vas a conocer realmente. He oído en varias ocasiones que para saber si eres compatible o no con una pareja potencial, primero debes tener sexo con ella, y esto es un gran error. Se conocen a las personas con el paso del tiempo, convivencia y tiempo intercambiando experiencias juntos. Por esto, relaciones de personas que partieron de una amistad sólida previa suelen ser más sólidas que las que se establecieron en apenas un par de semanas.
Otra razón por la que una relación puede fracasar es por falta de comunicación. Muchas ocasiones damos demasiadas cosas por sentado y no preguntamos nada, u ocurre un incidente y no se habla al respecto, malos entendidos, alguna discusión y luego los problemas persisten porque rara vez se habla acerca de ellos. Todo se va acumulando hasta que se llega a ese punto de inflexión y ¡Boom! La relación quebró. La comunicación, la humildad de reconocer los errores, de buscar hablar para resolver problemas o para conocer mejor a la persona a la que te has emparejado, etc., es vital.
Y otra gran causa de ruptura es el egoísmo. La sexualidad es para entregarla por amor, Dios la diseñó para el Ágape Conyugal, El amor humano (Eros) tiene como propósito la completa entrega buscando la alegría y el gozo de la pareja. En el momento en que alguien se ocupa de sí mismo, ya no está buscando la felicidad de su pareja, sino la suya propia, convirtiendo a su pareja en un mero juguete sexual que se usa y luego se guarda en un cajón hasta la próxima ocasión. Por tanto, debe disciplinarse y purificarse para que pueda trascender el deseo egoísta de poseer para sí el calor íntimo de la pareja y convertirse en entrega desinteresada por amor verdadero (Ágape).
“El eros y el ágape —el amor que asciende y el amor que desciende— nunca se separan completamente… El eros necesita ser disciplinado y purificado para madurar, para hacerse amor en sentido pleno y no solo deseo momentáneo. Cuando esto sucede, los dos amores se funden en una unidad, en la cual el eros, aun sin desaparecer, se transforma en ágape.”
La lujuria que en los días de hoy pareciere tenerse por virtud, no lo es para nada, es un mal que destroza relaciones porque promueve el egoísmo, la soberbia y la incomunicación. Males causantes de muchos problemas que precipitan a muchísimas parejas al fracaso de sus relaciones. La lujuria es un desorden en el que algo que está destinado a darse por amor al otro, se usa para uno mismo; por tanto, ya no te ocupas de tu pareja, sino solo de ti mismo, convirtiendo a la pareja en un mero objeto. ¡No es una virtud!
Antes de cerrar el artículo querría hablar del celibato, pero ¿qué es realmente el celibato? Lamentablemente, muchas personas creen que el celibato implica una especie de «cercenamiento de la propia sexualidad»; pero esto solo refleja una falta de comprensión sobre su verdadero significado. Si Dios nos dio la sexualidad para entregarla por amor, el celibato consiste en elegirle a Él y darle lo más íntimo de uno mismo; por lo tanto, el celibato es realmente una unión esponsal con Dios.
¿Se puede vivir renunciando al coito? Si por coito entiendes la unión de los genitales de dos criaturas que se aman, ciertamente elegir a Dios implica renunciar a la unión física. Ya que si haces del Creador quien es un espíritu puro, tu elección en el amor, es obvio que la unión sera espiritual. Pero esto no quita que la entrega a El implica la entrega de tu intimidad, porque de otro modo, esta no seria total. Por tanto, entregar tus órganos íntimos a otro sería una violación del compromiso asumido ante Dios. Sin embargo, la unión física es una prefiguración de la unión con Dios en la vida futura. Elegirlo a Él, implica la búsqueda de vivir ahora de forma anticipada dicha realidad. Verdaderamente, el celibato no es una renuncia a la unión íntima, solo que esta se da, no desde el plano físico, sino desde el espiritual.
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”
“Porque en la resurrección ni se casan ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles de Dios en el cielo.”
Todo fue hecho para Él, ello incluye también tu sexualidad; en efecto, hay una forma de vivirla espiritualmente, para Él en amor esponsal; de hecho, es por esto que Cristo dice que en la resurrección ya no se tendrá necesidad de buscar pareja, ya que todos estaremos unidos a Dios en vínculo esponsal y la idea de la separación de Dios será tan dolorosa que nadie la tendrá en consideración. El celibato consiste precisamente en vivir de forma anticipada dicha unión con nuestro Creador; por tanto, es un bello acto de amor a Él.
Como conclusión, la sexualidad se vive plenamente en la medida en que uno, de forma totalmente desprendida y por amor verdadero, está dispuesto a entregarla totalmente a ese amor especial por el que sí vale la pena guardar con celo la propia virginidad; ya sea tu elección Dios en una entrega perpetua y definitiva, o ya sea otra criatura en una entrega hasta que la muerte os separe; de lo contrario, nunca alcanzarás a entender lo que es la verdadera plenitud sexual.
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